Cruzar a la otra orilla: exposición individual de Dixon Ngai
Artista: Dixon Ngai (林断山明) · Curadora: Wong Ka Ying (黄嘉瀛)

«Los campos se echan a perder, ¿por qué no vuelves? Mil millas a la guerra, ¿y por quién?» (田园将芜胡不归,千里从军为了谁?)
El verso se remonta a la nostalgia del regreso en «Retorno al hogar», de Tao Yuanming, y fue reescrito después en la ópera de Pekín Adiós a mi concubina, en la novela homónima y en su adaptación al cine, donde se convirtió en una tensión sutil entre la diáspora, el deber y un regreso siempre aplazado: una contradicción desgarradora. En Cruzar a la otra orilla, el verso evoca la vida de quien deja su hogar para sobrevivir y lleva su historia más allá de las fronteras, solo para descubrir, al llegar a la otra orilla prometida, que «llegar» nunca es un final, sino otro comienzo que se reinicia con la traducción y el extrañamiento.
Para Dixon Ngai, el guangcai —la porcelana de Cantón de esmaltes rosa— es precisamente ese medio para alcanzar la otra orilla. Artesanía de exportación surgida en Guangzhou, el guangcai estuvo ligado a la circulación desde su origen: nunca quedó encerrado en una sola identidad cultural, sino que, por ser transportable, transformable y fácil de asimilar en otros contextos, se orientó históricamente hacia los mercados extranjeros. La obra de Dixon revisa esa historia. A partir de las técnicas de pintura sobre porcelana transmitidas de maestro a aprendiz, inserta símbolos culturales del Hong Kong contemporáneo en el lenguaje propio del guangcai, de modo que los objetos hablen a través del tiempo sin caer en la retórica nostálgica. Más que preservar la tradición, su obra pone a prueba cómo puede seguir viva en las condiciones de la diáspora queer contemporánea, la fragmentación cultural y los flujos transpacíficos.
La exposición parte de la posición de Dixon como queer hongkonés. Está profundamente arraigado en Hong Kong y, a la vez, guarda distancia con el pasado imaginado de la ciudad. La «nostalgia queer china» no es aquí el anhelo de un hogar estable, sino una estructura de sentimiento más inquieta y compleja hacia el «hogar» y las «raíces». La nostalgia queer no busca volver al pasado: se convierte en herramienta política y forma de sanación colectiva, y en una manera de desplazar y aflojar el tiempo heteronormativo. Al reclamar la historia, la nostalgia queer china responde al trauma y al borrado, y reescribe experiencias reprimidas y olvidadas como relatos de supervivencia y resiliencia. Como señaló el académico José Esteban Muñoz, esta nostalgia es el deseo de lo que «pudo haber sido»: no para quedarse en el recuerdo, sino para destilar el pasado en un camino hacia un futuro más inclusivo y más utópico.
Para las personas queer jóvenes de Hong Kong que crecieron entre la presión familiar, el repliegue político y el borrado social, la nostalgia suele llegar en fragmentos: películas, novelas, canciones pop, juegos de rol, objetos de la casa y escenas que nunca les pertenecieron del todo pero que no dejan de rondarles. Adiós a mi concubina, como la ópera cantonesa, es un emblema fundamental para las personas queer chinas: presenta la actuación como supervivencia, convierte el deseo en disciplina y construye la identidad a través de la repetición bajo la opresión. La exposición se vale de esta lógica para mostrar que la memoria queer no nace solo de la experiencia vivida en comunidad, sino también de imágenes mediáticas y guiones culturales.
Sin embargo, la exposición no se limita a la nostalgia de Hong Kong en sentido estricto. El contexto del barrio chino de San Francisco complica la pregunta por el hogar. El barrio chino no es solo un espacio de diáspora, sino también un lugar donde la memoria cultural de Hong Kong y de Cantón pervive en Estados Unidos, con historias de migración, comercio y supervivencia. Para la generación más joven de Hong Kong, el Hong Kong de la memoria suele ser un lugar imaginado: una edad de oro hecha de películas, música y estrellas que brilla justamente porque ya no existe. La obra de Dixon se pregunta: ¿qué significa para un artista queer de Hong Kong buscar pertenencia en un lugar culturalmente familiar pero políticamente ajeno? ¿Puede el Hong Kong nostálgico que conservan la diáspora y la memoria convertirse de verdad en un hogar para quienes siempre han tenido una identidad precaria, ya sea en el propio Hong Kong o en el mundo sinófono en general?
Dixon responde con porcelana, pintura, instalación y performance. Lamento por el reino arrasado (江山悲灾劫) vuelve a escenificar La princesa de las flores (帝女花) sobre porcelana de exportación y recrea, en un contexto de diáspora, una ópera cantonesa clásica de lealtad y amor hasta la muerte. Espuma de olas (浪花) guarda el residuo emocional de la obra hecha en casa durante la pandemia, cuando quedarse o irse, detenerse o cambiar parecían igualmente imposibles de resolver. Bitácora de navegación (航海纪录) extiende el muro de la sala en una secuencia de huellas que evoca tanto los poemas que los inmigrantes chinos grabaron en las paredes de Angel Island como el sistema de marcas de las mercancías de exportación de Hong Kong. Aquí, las marcas en la base de la porcelana, la espuma de embalaje y los bordes frágiles de las piezas se funden en un mismo lenguaje visual: objetos quebradizos envueltos para viajar con las olas, identidades resguardadas en una protección provisional y una historia transportada por las costuras de la circulación y a bordo de los barcos. Cruzar a la otra orilla también reelabora la forma del recipiente y lo imagina como una pequeña barca: un viaje en pausa, una llegada en suspenso. Las obras nos recuerdan que la migración no termina al tocar tierra; continúa en una gramática de suspensión, demora y cambio de rumbo.
La ópera cantonesa que interpreta Dixon afila aún más la propuesta: con su oficio escénico, sus papeles marcados por el género y su ambigüedad formal, ofrece un lenguaje corporal capaz de acoger identidades fluidas. En el canto y la actuación se convocan personajes, y la voz y el cuerpo se transforman a voluntad. La actuación pasa a ser uno de los materiales de la obra, enlaza al sujeto queer con formas históricas y convierte la herencia emocional en una práctica propia.
Cruzar a la otra orilla narra un viaje sin final y reflexiona sobre cómo la porcelana de exportación, la nostalgia queer china y los afectos de la diáspora se superponen para formar la experiencia presente de vivir lejos. La otra orilla no es el destino donde termina el viaje: es la lejanía visible a través de un catalejo, el lugar donde la nostalgia se forja en forma y ese otro lugar donde las fracturas entre el hogar, la historia y el yo pueden sostenerse por un momento sobre la superficie frágil y reluciente de la porcelana.
Artista
Dixon Ngai (林断山明, nacido en 1995) vive y trabaja entre Hong Kong y el Área de la Bahía de San Francisco. Se graduó en Diseño Ambiental e Interiorismo en la Universidad Politécnica de Hong Kong y su práctica abarca objetos, pintura y diseño espacial, con un profundo interés por la historia de la porcelana china de exportación y sus vínculos con las historias de la migración china. Junto con el Centro Cristiano Tao Fong Shan de Hong Kong, coordina la conservación y la producción de porcelana guangcai, y explora las conexiones entre la porcelana de exportación de Hong Kong y los viajes de quienes se marchan. Hoy encuentra una fuente constante de inspiración en las tiendas de porcelana del barrio chino de San Francisco, donde ha desarrollado una parte central de su práctica.
Curadora
Wong Ka Ying (KY) es artista, curadora y escritora de Hong Kong, y doctoranda en Estudios Culturales en la Universidad China de Hong Kong. Recientemente fue seleccionada para la residencia internacional de investigación 2026 del Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Corea (MMCA) en Seúl, el programa curatorial de de Appel 2026–2027 en los Países Bajos y la octava edición de Unschool of Curating en Rumanía, «La reparación como método».
Su investigación se centra en el arte de participación social, la práctica curatorial más allá de la galería y los cruces entre justicia, comunidad, memoria, archivos y producción cultural. Colabora desde hace tiempo con colectivos por la igualdad de género, las identidades queer, las sobrevivientes de violencia sexual, los derechos de las personas con discapacidad, las comunidades migrantes y los derechos laborales. Su práctica curatorial explora cómo el arte puede abrir modelos alternativos de redistribución del poder, resistir la homogeneización cultural y cultivar formas diversas de imaginación y acción colectivas, así como las cuestiones de identidad de las personas migrantes y trabajadoras migrantes asiáticas en contextos transnacionales y de diáspora.
